"Capitán Paz, destruya ese armamento", ordenó el presidente Gustavo Petro en la ciudad de Pasto, Nariño, ante cerca de 2.000 personas. Con esa instrucción directa, el jefe de Estado dio uno de los pasos más significativos en la construcción de su política de paz total: la entrega de armas por parte de los Comandos del Sur, una facción históricamente ligada al Ejército de Liberación Nacional (ELN), que ahora inicia su tránsito hacia la legalidad.
La escena marcó un momento simbólico en la historia reciente del conflicto armado colombiano, y también cerró una extensa y profunda reflexión sobre el presente y el pasado de las insurgencias en Colombia, la traición de los ideales revolucionarios y la ruta que su gobierno propone para erradicar las causas de la violencia.

El mandatario envió un mensaje directo a los grupos armados que aún no se han acogido a la política de paz, instando al abandono de la violencia y a comprometerse con la transformación del territorio, destacando la voluntad de Comuneros del Sur que hizo posible este evento.
“El pueblo de Samaniego quiere que se acabe la guerra. Si un grupo armado escucha eso y decide no matar más, no extorsionar, no hacer daño, entonces ese grupo empieza a hacer la paz, porque la paz no es una operación militar, es una operación social”, afirmó el Presidente.
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"No hay revolucionario que permita que la codicia se apodere de su corazón": presidente Petro
A lo largo de su intervención, también contrastó el ELN actual con el legado del sacerdote Camilo Torres Restrepo. "Esperábamos la talla del estudiante Jaime Arenas, fusilado por el ELN. Esperábamos la talla de Camilo Torres Restrepo, cuya sotana reposa en mi oficina", dijo.
En sus palabras, cuestionó la dirección del actual Comando Central (COCE) de la guerrilla, a quienes señaló por haber olvidado los principios revolucionarios y permitir que el narcotráfico capture a sus estructuras.
“La codicia se está apoderando del corazón. Y no hay revolucionario que permita que la codicia se apodere de su corazón. Solo el amor. El amor por los demás, por su pueblo, por su tierra”, sostuvo, al referirse al desvío ideológico que ha sufrido parte del ELN en alianza con carteles mexicanos.
Retomando el concepto del exiliado Carlos Vidales, el presidente Petro destacó uno de los apartes de sus libros: “Rebelde es el que quiere cambiar la élite para ser la élite. Y revolucionario es el que quiere cambiar todas las élites para que nunca haya más élites, sino democracia directa del pueblo”. En ese sentido, se reivindicó como parte de un proyecto revolucionario que busca cambiar el sistema, no solo rotar sus beneficiarios.
Comandos del Sur y la paz que propone el gobierno de Gustavo Petro
El presidente reiteró los pilares de su política de paz: sustitución voluntaria de cultivos ilícitos, reforma agraria, legalización de la minería de pequeña escala, implementación territorial del Acuerdo de 2016 y un enfoque que privilegia al campesinado y a las comunidades.
“Claro que hay que sustituir cultivos. Ustedes están pensando en fumigaciones, y eso ha fracasado una y otra vez. Porque es una guerra contra el campesinado colombiano”, dijo, aludiendo a sus conversaciones con la secretaria de seguridad de Estados Unidos Kristi Noem, y criticando la criminalización de los pequeños agricultores.
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Asimismo, señaló que parte del fracaso de la implementación del Acuerdo de Paz con las FARC se debió a una estrategia de sabotaje político y judicial, mencionando el nombramiento de Néstor Humberto Martínez como fiscal general y las operaciones encubiertas que afectaron a líderes del proceso.
“La respuesta que tiene que dar el pueblo colombiano es que este gobierno no se derriba, porque nació del pueblo”, sentenció el mandatario, dejando abierta la puerta a una continuidad del proyecto progresista más allá de su mandato.